No puedo contar las cosas que dejé de hacer por el temor al «qué dirán». El síndrome del impostor me asaltaba constantemente, siempre pensando que «otro lo hace mejor». Este miedo paraliza tanto a emprendedores como a empleados, deteniéndolos de tomar acciones alineadas con lo que realmente quieren en la vida.
Las voces externas satanizadoras crean preguntas como: «¿Y si fallo?», «¿Y si el jefe se burla de mi propuesta?», «¿Qué dirá mi familia si dejo 20 años de trabajo para vender bicicletas?» Sin embargo, todas estas dudas desaparecen cuando identificas cómo tus decisiones te acercan a las metas que te has propuesto.
Mi esposa y yo amamos viajar. Cuando veo una oportunidad de mejora en mi trabajo que beneficie a la empresa, mi deseo de hacer ese viaje me motiva a presentar la propuesta. Cuando una oportunidad solo traería estrés sin acercarme a mis objetivos, es fácil decir que no. No se trata del qué dirán, sino de evaluar qué tanto ayuda a lograr lo que has decidido alcanzar.