mayo 9, 2026
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Él, muy cuidadoso, solo decía: "tranquilo, ya casi vamos a llegar".

Tenía nueve años cuando mi papá, trabajando en el Club Med de Punta Cana, me llevó a un lugar especial. Caminamos por un sendero lleno de árboles y como niño al fin, me desesperé preguntando hacia dónde íbamos. Él, muy cuidadoso, solo decía: «tranquilo, ya casi vamos a llegar».

Entonces vi esa línea perfecta entre el cielo y un color turquesa que solo había visto en televisión. Sujeté fuerte el brazo de mi padre sin dejar de mirar ese horizonte que se descubría cada vez más. Al detenernos, escuché: «¡esa es la playa, pequeño!» Según papi, di un salto de alegría que jamás había visto, casi le arranco el brazo de felicidad.

Qué cuidadoso fue mi padre al manejar mis expectativas. No me prometió nada, no me hizo historias fantásticas que me decepcionarían. Con nuestros objetivos sucede igual: definir lo que quieres lograr requiere expectativas aterrizadas, objetivos SMART (específicos, medibles, alcanzables, razonables y con tiempo estipulado) que, como mi padre planificó aquel momento, puedas lograr tus metas con la misma precisión.